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España y Australia, un corazón compartido

australia El mío. Que no partido, como casi llego a escribir. Y sé bien por qué. Despues lo explico.

Esto no es una entrada informativa, o instructiva, como vienen a serlo… prácticamente todas las de este blog. Que no lo creé para contar mi vida, si no para que sirviese a otros. Esta es una entrada muy personal, de sensaciones muy íntimas, sí, pero el compartir esto con vosotros va más alla de que sepais cómo siente un tal Santi en Australia. Para el que realmente piense en serio cambiar de vida, mis sensaciones pueden servir como “aviso para navegantes”. Nada nos llega fácilmente en esta vida. Hasta la felicidad más plena esconde un precio por pagar.


Un par de detalles… bueno cuatro, que me conducen hasta escribir esta estrada.
Uno. cuando yo llegué a Australia como turista por primera vez en 1990 me informé sobre la comunidad española: había entonces unos 30.000 españoles en Australia; la mayoría gente ya bastante mayor que habían emigrado aquí durante la guerra civil o la postguerra, habían trabajado como pastores, o mineros… y muchos estaban regresando a España a morir. Me pareció de lo más natural.
Dos. Cuando yo emigré aquí en 1995 lo hice para mejorar mi calidad de vida y en busqueda no solo de aventura, tambien de seguridad económica. Ya entonces me gustaba escribir (creo que se nota) y escribía mis diarios. Copio textualmente lo que tengo escrito en uno de ellos: “Objetivo económico para Australia, igual que en Japón: salir con más dinero del que llegué. Al llegar teníamos exactemente AU$80.796” (el “teníamos” incluye a mi mujer, desde casi nuestro primer día juntos todo es de ambos, vieja usanza). O sea, que yo emigré a este país pensando en él como un vehículo, no como un destino: unos años para mejorar y de vuelta al hogar.
Tres. Contestaba hoy mismo -¿o ayer?- a Lucho, un colombiano que me comentaba sus planes por aquí diciendo que cuando llegue quiere acumular capital durante 20 años para regresar a su pais y crear su propia empresa… diciéndole que vete a saber cómo sentirá en 20 años. Que, por ejemplo, como tenga un par de hijos nacidos aquí y matriculados en una escuela de primaria, a ver cómo decide sacarlos de ahí y negarles la oportunidad de un futuro privilegiado, a cambio de un choque cultural inmenso y ofrecerles un futuro incierto.
Y cuatro. Respondía ahora mismo a Emilio sobre su información sobre vuelos y mi inminente viaje a España, y me iba por los cerros de Ubeda comentándole sobre el atardecer que acababa de vivir… cuando decidí que su respuesta bien se merecía una entrada nueva en el blog, ésta.

12 Escribía a Emilio: “En atardeceres como el que acabo de vivir, finalizando el día con un paseo con mi perra o, como hoy, simplemente jardineando un rato para estirar el cuerpo antes de volver a sentarme al ordenador y meter unas horitas de sesión nocturna… levanto la cabeza, y lo que presencio es difícil de describir: una estampa de una belleza indescriptible. Ya no es el paisaje en sí, -hay cientos de estampas como “la mía” por todas partes- es la pureza de ello. El aire es tan limpio, la luz tan nítida, los contornos de cada forma tan perfectamente definidos… que realmente parece algo de otro mundo, algo realmente mágico. Siempre hay pájaros, siempre hay sonidos de animales, siempre se siente la luz “viva, respirando y cambiante”… Y siempre tengo en mi cabeza el pensamiento de: ¿moriré aquí? ¿regresaré alguna vez a España?. Porque aunque tengo a mi compañera del alma conmigo y poco más se puede desear, cada atardecer mágico que vivo es un poco como el chiste aquel de hacerle el amor a la mujer más hermosa del mundo y no poder contarlo. Me gustaría compartir cada uno de estos momentos con un millón de amigos (y supongo que ésa es una de las razones de tanto video y tanto blog) pero no puedo”. En fin, la soledad del emigrante, imagino; la soledad del ser humano, condenado a vivir una existencia única

Lo de corazón “partido” con el que casi titulo esta entrada viene por el inminente viaje a España, sé lo que me va a pasar, lo que lleva pasándome una década cada vez que piso la “madre patria”. Seguro que más fuerte incluso esta vez… porque voy a cumplir 50 años mientras esté allí y, en mi caso, cada década he vivido una vida bastante diferente, algo tipo de reto personal. Pues bien, lo que me ocurre cada vez que regreso a España de vacaciones es que imagino mi regreso a vivir y lo que haría. Y paso, por ejemplo, unos días en “mi pueblo”: el pueblo de mi padre, de mi abuelo, donde me conocen desde niño, donde repicaron las campanas el día que mi padre murió hace ya 20 años, el pueblo donde aún puedo encontrarme con algún viejo que me cuente una historia de mi padre que yo no sepa, el lugar donde siempre imaginé que mis huesos podrían ir a parar… y veo todo lo bueno que podría hacer por la gente, por el lugar, por esos mismos viejos, por la escuela… Visualizo el impacto positivo que mi esfuerzo podría causar en sólo unos meses, unos pocos años. E igualmente en mi ciudad: Salamanca.

4366990_c431ef2256_m-1 Y bien sé que luego casi nada ocurre como esperamos y la vida da mis vueltas, pero no puedo evitar dejar de imaginar tanto y tanto como me parece que podría ofrecer este mismo hijo de carboneros y pastores de un pueblecito castellano a sus paisanos, a aquellos que físicamente se le parecen. Tanto como podría ofrecer despues de haber dejado el hogar para perderse por Africa, Asia, Australia… Y volcar en recipientes más jóvenes lo que aprendió por esas tierras lejanas… Y ahí es donde se me parte el corazón, por no poder compartirlo, por no poder tener un Santi allí y otro aquí

Ahora mismo no sé si nunca dejaré Australia. Tengo a mi madre en España, cinco hermanos/as, para recordar cuantos sobrinos tendría que ponerme ahora mismo a contarlos. Una sobrina acaba de dar luz ahora, otra está en camino. Toda mi educación la hice en internados: aún guardo contacto con grandes grupos de esos amigos… alguno de estos amigos los conozco desde hace ya 40 años. 40 dias tal vez pase en España y ni uno sólo me sobrara para ver a un ser querido… Y mientras en Australia, pues tambien tengo amigos, algunos buenos amigos, gente a la que realmente quiero… pero no pensamos en el mismo idioma ni tienen el pelo negro y los ojos castaños que tengo yo. Y algunos de esos amigos: indonesios, filipinos, holandeses, alemanes… tienen en su cara el mismo gesto de confusión que debo de tener yo. Debe de ser el gesto mudo que se le queda a uno cuando vino a esta tierra como de paso, con algún plan, pero se encontró atrapado en un sueño y no sabe, puede, quiere, salir de él. Y se entiende, ¿qué harías tú si cada amanecer, si cada atardecer, si cada vez que levantases la vista hacia el horizonte… te encontrases con Dios? ¿Te irías?

En fin, en la columna de la izquierda dice: “videos propios: 161”. No importa que mi cámara sea de alta definición. Por más que intento, no consigo capturar esta comunión continua entre hombre y naturaleza. A ti, que tal vez sueñes con Australia, te dejo el video más abajo (ya lo publiqué hace pocos meses) para intentar compartir algo de estas sensaciones. Y el mensaje es este: no viajas a la Luna, pero sí al lugar más cerca de ella, o al lugar más lejano de tu planeta (si lo haces desde España). Cualquiera que sean tus planes al venir aquí, forastero, deja espacio para lo imprevisto; porque esta tierra, hambrienta de hombres, te va a reclamar para si embriagando cada uno de tus sentidos. Intentará borrar tu memoria y tu historia con un presente tan intenso que te sacudirá de arriba a abajo. Plantará una semilla en ti que será como la de muchos árboles australianos, ni sabras que está ahí, se abrirá años más tarde, con el fuego. Te hará sentir como el cocainómano al que le quitaron su droga cuando se consideraba ya con derecho a ella: anhelaras la belleza espectacular y salvaje de este lugar si alguna vez llegaste a experimentarla y te condenará a sentirte un ser privilegiado mientras estés inmerso en ella. Una vez que pasas un puñado de días en la naturaleza australiana ya no puedes evitar el comparar, ya no hay marcha atrás. Esto no es un viaje astral a traves de un agujero negro… pero casi, es un viaje austral a traves del agujero de la capa de ozono. Y es una experiencia UNICA, al alcance de pocos.

10 comments to España y Australia, un corazón compartido

  • Alejandra

    Es un post precioso… Transmites tanto, que casi puedo llegar a entender un poquito de cómo te sientes. Quizá estas lejos de muchas cosas que tenías cuando vivías aquí, en España. Pero también por lo que he visto en tu blog, has buscando conectar con muchos seres humanos al rededor del mundo.

    En nuestro caso, estamos dandole forma a nuestro sueño y leerte es agradable, ya que por tus palabras puedo ver el destino al que quiero llegar y aunque son unos ojos prestados, cuando mi marido y yo lleguemos allí, miraremos con los nuestros; pero estaremos muy agradecidos por lo que tu nos has contado en tu blog desde el momento en que llegamos a él.

    Un abrazo y te deseo un feliz viaje.

  • Jordi

    Preciosa entrada Santi, al final acabaste abriendo tu corazón y tus sentimientos, dando a conocer que esto no es tan sencillo como liar el petate y cruzar el mundo. La familia queda atrás, junto con todo lo que significa y, probablemente, para algunos afortunados que viajen a Australia, solamente la visitarán cada cuatro o más años, igual que tu.

    Que disfrutes de tu familia y amigos Santi, y muchas gracias por compartir.

  • Emilio

    Cabronazo……………

  • Emilio

    Vale, ahora que tengo algo mas de tiempo (no mucho) intentare desarrollar algo mas el comentario anterior:

    En esas palabras se describe mucho de lo que yo senti alli, no hice grandes cosas, como bucear en la gran barrera, lo que hice es lo que normalmente hago aqui, esas pequeñas cosas que en el fondo son lo que nos hacen sentir la felicidad, esos momentos en los que disfrutas, me hace recordar algunos sentimientos, me hace tener mas ganas aun de volver, tambien darte las gracias, pues me hace darme cuenta que si quiero volver para quedarme es mas por lo bueno que alli senti que por la rabia que me esta haciendo ser “anti español”.
    Lo que mas me fastidia es no poder cojer un avion la semana que viene jajaja

    P.D.: me ha hecho ilusion que te inspirase esta entrada.

  • silvina

    Lo que tu sientes por Australia y todo lo que has transmitido es lo mismo que siento por una ciudad al sur de España, mi viaje era por 2 años…..y me fui enamorando de cada rincón, cada color, cada atardecer…..han pasado 8 años y sigo aquí y te entiendo perfectamente creo que encontré el lugar que estaba en mi mente……

  • dori

    Hola NANI ME ALEGRO DE LEER TU PAGINA AQUI EN TU PUEBLO TE HECHAMOS DE MENOS Y ESPERAMOS VERTE

    EL PROXIMO AÑO, DE HECHO TE DEBO UN BAILE UN ABRAZO

  • Mini Gori

    Genial el vídeo, aunque mejor debería decir genial la naturaleza que en él aparece.

    Me alegro mucho que estés tan feliz, es lo mejor que a uno le puede pasar. Saludos de toda la famila.

  • Laura

    Santi,
    Descubri tu blog hoy de casualidad chusmeando un poco sobre algunas cuestiones australianas. No sabes cuan identificada me senti con tu relato…
    Yo parti en marzo de este año desde Argentina buscando otros horizontes y medio por casualidad, medio por destino termine en la tierra de los canguros. Y me deslumbre. El pais, la naturaleza, su gente, ese mundo de posibilidades. No esperaba nada, y me encontre con todo.
    Hoy en día estoy de vuelta en mis tierras, pero ya me cuesta mucho imaginarme lejos de la belleza aussie.
    Y es por eso que me siento tan identificada. Tengo el corazón partido.
    Muchas gracias por el blog!

  • Bernardo

    Genial Santi.
    No creo que pueda ir a vivir a Australia, pero al leerte me siento mejor.
    Salud
    Bernardo

  • Jesús Hernández

    Hola Santi, como Laura, también he llegado a este blog por casualidad. Como tú, también nací en Salamanca, ya ves… Me he sentido totalmente identificado con lo que dices, sobre todo con la última parte del relato. Es cierto que Australia planta un semilla. Yo fui un mes de vacaciones en la Navidad del 2003 invitado por una familia que vivía allí. Me costó dejarlo. Pero lo más doloroso es que esa semilla ha crecido y se ha hecho grande y fuerte como un gran árbol, y ahora pienso todos los días en esa tierra rojiza, en sus playas, en sus paisajes, su gente… en fín, echo enormemente de menos Australia. Blogs como el tuyo y Flickr me hacen sentir un poco más cerca.
    Un saludo.
    Jesús

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